Últimos días en la ciudad y un fin de semana pasado en México DF. Echo de menos mi cámara de fotos: aquí dispararía sin parar. Espero no perder nunca todo lo que tengo grabado en la memoria. Todas esas escenas e imágenes que en estos días me han asaltado. Una chica tocando la espléndida "Take five" de Dave Brubeck con su saxofón a la salida del restaurante argentino donde comí. El señor de 70 años de paseo con su viejo coche americano años '50, color crema y techo blanco, de aquellos que miden 8 metros de largo... La villa color rojo Pompeya, en venta en la calle Sosa, justo en frente al Instituto Italiano de Cultura en Coyoacan. El señor que se comía una mazorca de medio metro en la calle, bajo la mirada atenta de su hija y su mujer. La camioneta (en marcha y andando), que vendía mangos y que paramos para comprar una bolsa con 6 ó 7 frutos por 10 pesos. Los 35 kilometros de calles cortadas para que la gente pueda sacar sus bicicletas y recorrer esta ciudad infinita. La casa azul del museo Frida Kahlo. Los Dodge Avanger blu y plata de la policía local (y los chalecos anti balas de sus ocupantes). La gente haciéndose fotos delante de la escultura de dos inmensas alas doradas en la Avenida de la Reforma (quizás si de verdad se sienten ángeles, aunque sea por un instante). La sonrisa de la gente. Su gentileza extrema. Las pirámides de Teotihuacán (los escalones de la del Sol). El silencio de la Calzada de los Muertos a las 9 de la mañana. La cerveza Victoria (bien fría, por favor). La tierna risa del "piccolo Maya" (cus-cus). El pueblo de Valle de Bravo (señores, por favor, visitad el norte de Italia). La temporada de insectos (ricos, ricos). Los viejos taxis Volkswagen escarabajo. La Colonia Roma. La Colonia Condesa. Los patios interiores. Los guantes "racing" que usa Luciano, conductor de confianza, para "manejar el carro". Los que limpian los zapatos en la calle. Los que limpian los coches en la calle. Los que, simplemente, se buscan la vida para sobrevivir (en la calle, claro). Los restaurantes de diseño, dignos de la mejor capital europea (Paxia y Pujol). Los tacos de escamoles (huevas de hormiga). La carne de cocodrilo que no conseguí comer, puesto que esta semana no había llegado (nos cuenta el metre que la carne llega sólo una vez que el cazador ha vendido la piel). La lluvia de México DF y el perfume que suele despertar de una ciudad que, muy a menudo, huele a alcantarilla. La elegancia de la Colonia Polanco. Las calles desiertas de la noche. El tráfico del día. Los manifestantes semidesnudos bailando en el medio de la carretera de entrada a la ciudad, con la foto del alcalde tapando las partes íntimas. La sede de uno de los editores al que visité, que parecía un hotelito cinco estrellas, estilo "ha
sienda"...
Me voy. Vuelo a Miami. Volveré.
PD Gracias Isa, gracias Giampiero, gracias Luca. Por el cariño. Por hacerme sentir parte de la familia. Por los Nespresso robados...por todo. Os quiero.
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| Pirámide de la Luna |
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| Pirámide del Sol |
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