venerdì 20 maggio 2011

...y Guaicaipuro vuela a casa como un turpial...

Aeropuerto de Maiquetia. Zona franca. Estoy en la sala fumadores del rincón VIP de la Compañía Aérea. Ya he hecho cola en la autopista para llegar. Cola para el check-in. Cola para pagar la tasa de migración (sí, hay que pagar para salir de Venezuela...bendito socialismo). Cola para pasar el detector de metales. Cola para el visado de salida...
Me merezco un cigarro. O cien. El mejor Ron Venezolano, botella numerada de edición especial, ya está en el equipaje de mano. Va por ti, mi amor, que sé que te gusta.

He dejado el hotel esta mañana para acudir a la ultima reunión. El conductor que tenía que llevarme se quedó "atrancado" en el trafico monumental que paró la autopista Cota Mil por una manifestación no prevista que el Dictador local solucionó enviando al ejercito.
Fui en taxi a la visita. Buenas instalaciones. Gente encantadora. Me escuchan. Conversamos. Hablamos del futuro del negocio y le gusta la idea que traigo. Veremos.

Abajo me espera Luis Martínez, el chofer, y está muy dolido por haber fallado. Por no haber llegado a tiempo al hotel para llevarme a la reunión. Recupera rápido y me invita a comer: "no te preocupes, Luis, vamos directos al aeropuerto, por si hay más manifestaciones". Recupera su fallo de puntualidad y me da una clase de nivel sobre la historia de Caracas, fundada en 1567...año más año menos. Hablamos de Simon Bolivar, de su idea (y gran fracaso), de la Gran Colombia. Hablamos de guerrilla. Hablamos de droga. De los problemas. Del olvido.
Entramos en lo personal y me habla de sus hijas. Su mujer. Sus amantes. Dice que aquí están las mujeres más bellas del mundo a las que no se puede resistir. Mujeres en búsqueda de la perfección, a través de retoques con silicona, ajustes odontológicos. Y de la nueva moda: quitarse un par de costillas para ser má esbeltas. "Perfectas", sentencia. Y mientras habla, pasamos por la zona de las favelas de Caracas. Saco fotos desde el coche (sí: las pondré en cuanto pueda). "Perdona, Luis, me estabas hablando de perfección"... Vaya momento, pienso. Vaya panorama. Vaya choque mental.

Dejo Caracas y no sé que sentir. Extraño. Sólo pienso en pasar los mil controles y sentarme en el avión. Tengo que digerir este pesado equipaje de emociones que tengo por dentro. Las muchas imagenes que se han grabado en mis ojos. Los perros muertos al borde de las carreteras. La pobreza extrema. Las caras. Los motoristas delincuentes. La ansiedad. Los carteles "Socialismo o Muerte". Pero tambien los colores del monte Avila y de las casitas en su falda. La vegetacion que parece quiera comerse a la ciudad. El perfume de la lluvia. La gentileza de muchos. La disponibilidad. Los tequeños...
Toda la gente a la que he conocido espera verme otra vez por aquí. Pero me dicen que, para la próxima, que sea para más tiempo. ¿Volveré?

1 commento:

  1. Querido Massimo, si, eso es, son bofetadas de realidades de difícil digestión, y demuestras una vez mas, que la tranquilidad es el mejor plato de la carta de 'La dolce Vita'.
    Date prisa a volver, te estas perdiendo el mayo del 68, reeditado!.
    Abrazos,
    Emiliano

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