mercoledì 18 maggio 2011

Huyo de los gerundios...(dedicated to OC)

Primer día de trabajo en la capital venezolana. Bien. Buena gente. Día intenso. Se me seca la garganta de tanto hablar, pero, sinceramente, no me cuesta...todo lo contrario.
La ciudad es un verdadero caos. Me siento como un pez fuera del agua. De su agua tranquila. Agua estancada, últimamente. Por eso creo que todo esto es bueno. Esto no quita que soy un blanco europeo entre 8 millones de caraqueños que se buscan la vida. Una vida a 50 céntimos de euro por 50 litros de gasolina. Sí: 50 céntimos = 50 litros. Es lo que tienen, petróleo. Lo único. Han dejado a un lado el resto de la economía, del desarrollo, de todo. Bueno, les han dejado, les han obligado a vivir al margen. Un pueblo que vive al margen es un pueblo echado a perder. Al margen de una vida que podría ser "normal", tranquila. Cuando vives realidades así, tan diferentes de la tuya, te das cuenta de lo que hace un buen gobierno, un buen político, una buena organización y administración. Administración del capital, de los recursos (naturales y humanos). Venezuela es un País rico pero al borde del desastre. Una nación que podría vivir de sus fortunas. Vivir dignamente.
Bueno, hablemos de otra cosa...hablemos de...COMIDA. Hoy en Casa Churrasco. Digno de nota los Tequeños. Unos rollitos de hojaldre rellenos de queso muy parecido a mi querida mozzarella. Los tequeños son típicos de Caracas: suelen freirlos, pero resultan algo pesados. En Casa Churrasco los hacen a la brasa (único sitio en toda la capital). En cuanto tenga un ordenador de verdad pondré foto (el iPad tiene sus limitaciones, dear Mr. Steve Jobs). Luego carne, mucha carne. Unos chorricitos que eran verdadera poesía para el paladar. Y un buen chuletón. Pedí la carne casi cruda, como le gusta al mastín leonés. "Así se come", dice. Y tiene razón, una vez más. Salsitas: dos. La primera era una especie de chimichurri argentino, más picante, quizás. La otra se parecía a un guacamole ligeramente más suelto que el tradicional y seguramente más alegre. Y, por fin, las "papas" locales acompañaron a la sinfonía de proteínas. Todo fibra. Parecidas a las nuestras por el color pero más dulces y con textura parecida a las...castañas. Sí, raro. Pero más sabroso que una simple patata cocida. Simple y, a pensarlo, un poco triste. "Triste como una patata hervida"...pega.

Más reuniones por la tarde. Más tráfico para volver al hotel. El cansancio me hace olvidar por un rato la inseguridad que sientes en la piel, cruzando estas calles. Esta ciudad. Llueve. Mucho. Y más agua llega a los barrios de las "gradas" de Caracas. Una ciudad aplastada entre la jungla tropical y el monte Avila: una barrera natural entre la ciudad y el Atlántico. No debería haber barreras entre el hombre y el mar... Siempre y cuando no haya una central nuclear y riesgo sísmico en la zona, claro.

Mientras tanto el barman del hotel me sirve la cerveza de la tarde. Nada de Light hoy. Empezamos a conectar. Me trae unos pinchos variados. Buen tío, empiezo a tenerte cariño...

1 commento:

  1. Estimado Massimino,

    No parece que estés sufriendo mucho y si además no paras de hablar, seguramente estés bien. Tus ágapes me dan envidia, aunque con la proximidad del verano mediterráneo deberías rechazar algunos platos y escoger las verduras locales. Haz una foto de la barra del bar con barman. Cuídate. Poyas. "Tu puta vida es tu puta vida" dijo el sabio. Dani.

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