Tengo una hora y cuarto para bajar de un avión y meterme en otro. Ya no sé ni que hora es para mi cuerpo y para mi cabeza...
Paso los controles de migración. Soy el primero. El oficial de policía es amable. Me pregunta durante cuánto tiempo voy a quedarme en México de vacaciones. "Ya me gustaría, señor...pero estoy aquí por trabajo y ahora mismo cojo otro avión para la capital". "Qué pena", dice, "hay mucho por ver en esta zona"... No pierdo tiempo en explicarle que ya lo conozco.
Salgo. Cojo un taxi que me lleve a la otra terminal. Pactamos 10 dólares americanos. A la hora de saldar mi deuda, estaba claro: el tipo no tiene cambio, ni en pesos. Así que le suelto un billete de 20. No me enfado: le digo que invite a su mujer a un par de cervezas...¡Salud!
Hago el check in: de las cinco ventanillas que hay, me toca la del jovencito. En 10 minutos ha hecho facturar a medio avión, mientras que sus compañeros aún estaban con los primeros viajeros.
Ha habido un fallo técnico en el sistema de facturación y el vuelo saldrá con media hora de retraso. Por una vez agradezco tener algo de tiempo: salgo fuera a fumar un par de cigarrillos. 30 grados. Las siete de la tarde. El sol se ha ido, pero queda algo de luz. Hay nubes, unas pocas. Los pájaros del lugar parece que se despiden del día haciendo una gran fiesta...y un gran ruido. Todos entre los arboles justo en frente. Me hace gracia. Es alegre. Huele a vacaciones. Este sitio huele a vacaciones, definitivamente.
Hay muchísima humedad. Pienso en lo que me gustaría darme una ducha ahora mismo...paciencia.
Paso los controles, otra vez. Me abren las maletas, pero son gentiles...no como el soldado que lo hizo en Caracas hace unos días, antes de embarcar para Madrid.
Veo un bar e intento esquivar rápidamente a las empleadas/cazadoras de clientes, escondidas entre los pasillos de las tiendas duty free...
Llego a la barra. Estoy en Cancún, México: "Una Coronita, por favor". Disfruto de mis 15 minutos de vacaciones. Me siento bien. Cansado, sí, pero bien.
Embarcamos. Dos horas y pico más en otro avión...cierro los ojos. Adiós Riviera Maya...
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