La llegada a Miami fue una Odisea. 22 horas desde que dejé el hotel de Bogotá hasta entrar en el hotel de Miami. Bonito lo de viajar. El avión que tenía que despegar desde Bogotá a las 8 de la mañana del sábado, finalmente salió a las 22.15... Conozco a José Gonzalez. Nacido en Ecuador y criado en Nueva York. Ahora vive con su mujer y su hijo hacker en Connecticut. Casita de millón y medio de dólares. Porche y Jaguar en el garaje. Antes era el jefe de Producción de McKann y daba vueltas por el mundo grabando spot de multinacionales americanas con grandes estrellas del espectáculo. Ahora está en el "no-profit". Viaja por Latinoamérica y chequea como las organizaciones ONG, que empresas estadounidenses financian, se gastan el dinero que envían. Sólo me habla de corrupción: de políticos corruptos, de curas corruptos, de gente desesperada. Me explica el significado de la palabra "chévere". Fundamental en el vocabulario latino. Persona simpática. Peculiar. No para de hablar y se cambia de asiento para sentarse a mi lado durante las tres horas y media de vuelo. Me muero de sueño, pero no pasa nada. Merece la pena.
Llegar a Miami a las 3 de la madrugada, hablar con un energúmeno cubano del departamento de Migración y explicarle que sí, que estoy aquí por negocios, es una experiencia. Llegas del invierno colombiano y te recibe el verano de Florida con 35 grados y una humedad del 90%. Ni la sombra de un taxi en la acera de las "Llegadas". El primero que se asoma lo conduce un jamaicano de 60 años, físicamente estaba allí, pero su alma estaba perdida y sus ojos vacíos: parecía haberse fumado todas las palmeras de Miami Beach. En el asiento de atrás está sentado su sobrino, dice (el chaval mide 2 metros y no parece tener buenas intenciones). "No problem, man. Te llevamos a tu hotel". Contesto que "gracias, pero vienen a recogerme"... Ya me gustaría, pienso. Me espero al siguiente. Llego al hotel que no sé ni como me llamo. Duermo y arranco al día siguiente con visitas turísticas (es domingo). Paseo por Ocean Drive, pasamos por delante de la Villa de Versace (ahora un hotel, justo a diez metros del famoso asesinato). La zona parece haberse quedado en los años '20: los edificios, la tipografía de los hoteles y de las tiendas... Si pasara un coche con dos gángsters disparando no me sorprendería. Como en la Steakhouse Smith & Wollensky. Pienso en mi primera experiencia en la famosa cadena, pero era en NY con Fabrizio. Aparece una sonrisa.
El día pasa tranquilo, en casa de JdT. Toco la guitarra (lo echaba de menos). Miro la lluvia caer en la piscina rodeada por palmeras. Cena solitaria en el Four Seasons. Cama. Despertador. Reuniones. Pasa el día. Hoy de compras en el Dolphin Mall a mediodía. Dos horas de vacaciones. Dos horas de crazy shopping en un sitio que es un absoluto peligro por la economía familiar. Más trabajo por la tarde y ultima reunión en el Novecento. Sitio de moda al lado del hotel. Él es periodista de investigación, premio Pulitzer 1998. Hablamos de periódicos del futuro y del presente del periodismo mientras lucho contra el calor, saboreando un Negroni. Luego otro. Agradable conversación. Siento profundo respeto por esta categoría de trabajadores. Siento respeto pro quien se la juega. Por los que no le tienen miedo a nada ni nadie. Por los que denuncian lo que está mal, lo que no funciona. Por los que utilizan la pluma como única arma, más potente que cualquier kalashnikov. Gracias GR. Gracias por tu tiempo, por tu sencillez. Sana envidia me llena de alegría. Y satisfacción: después de "Desayuno con Diamantes" hoy se ha rodado "Aperitivo con Pulitzer".
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