He vuelto a España. Dejé al nuevo continente detrás de mi, pero sólo unos días. El miércoles vuelo a Lima. Veré hoy quien gana las elecciones. Llegaré a Perú bajo el nuevo sol del mal menor (vaya candidatos a las presidenciales, señores).
Miami ha sido un paréntesis de civilización después de tanto baño de difíciles realidades sociales. También es cierto que de Miami sólo he visto las apariencias, las que huelen a millones de dólares: un panameño me comentaba que, como todas las ciudades americanas, hay zonas donde es mejor no pasar. Zonas de pobreza que el pueblo "stars and stripes" tiene escondidas, lejos de la vista. Seria como una mancha demasiado vistosa para la sociedad "perfecta". Lo mismo me comentó el taxista cubano que me llevó la otra noche al restaurante "The Fishing Company": "Miami está bien si tienes mucho dinero, brother. Sólo si tienes mucho dinero". Allí todo es excesivo: los coches, los edificios, las piezas de carnaza de alguna vaca de Montana que acaba en tu plato, los precios, las villas de diseño con un deportivo fuera de serie en la puerta de casa y un barco de ensueño en la parte de atrás, al lado del muelle personal que da al canal que te lleva al Atlántico.
De paso, en Miami, me he ganado otro mote: Latso. Sí: el oso rosa, que huele a fresas, de Toy Story 3...el que va abrazando a todos (Dani, ese se te escapó...).
En Miami lo italiano va mucho. Desde los sitios más de moda (el Novecento y el Segafredo), al agua con gas (sólo y exclusivamente San Pellegrino...que allí se queda en Pellegrino).
Lo que me ha sorprendido de estos primeros viajes es la constante gastronómica que he encontrado en todo los sitios y a sus máximos niveles: el sushi y la comida japonesa/oriental en general. Es increíble: los mejores restaurantes sirven variaciones con toques locales del pescado crudo que tanto ha hecho famoso al pueblo del sol levante. Da igual que estés en Caracas, México DF o Miami.
De esta ultima ciudad se quedan en mi memoria los desayunos en "Chocolate", el bareto francés al lado de la gasolinera, cerca de la oficina en Sevilla street. El tremendo calor en las calles (superamos los 35 grados el viernes pasado). Las terrazas con ventiladores gigantes, como los que se ven en los set de rodaje de las peliculas, los restaurantes estilo años '20, como la steakhouse Morton's...sitios que son así desde hace cien años, sin ningún tipo de variación en la decoración; el imponente Hotel Biltmore (allí la mejor habitación se llama Al Capone, por evidentes motivos históricos). Las villas de Coral Gables, con sus jardines perfectos, sus entradas triunfales, sus coches impresionantes (mínimo dos), aparcados en la puerta. Las cenas con vista a los dos skyline de la ciudad, el de verdad y el que se refleja en ese brazo de mar donde encima está construido Miami. Las palmeras. Las banderas (un poco exagerado tanto patriotismo). El viejo empleado de Costa Rica del Guitar Center (donde si hizo realidad el sueño "thinline" de Little Jaime)...
Me tocará volver a esta ciudad. Lo haré con placer. La sensación de que todo está ordenado y bajo control, de vez en cuando, se agradece. ¿Será por eso que la mayoría de los americanos elige un sitio así para vivir sus últimos días?
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