Paso las últimas horas en Lima en el restaurante del hotel. Desde la montaña de hielo del buffet libre de Casa Andina, un atún me mira fijamente, acompañado por dos pulpos y exóticas conchas. Anoche estuve cenando en el restaurante "Cala, mAr de Amor", con vista al pacífico oleaje nocturno que acaricia a esta ciudad en un sin fin amoroso. ¡Qué bien se come en Perú!
El menù del Cala, arranca con la siguiente poesía (la buena gastronomía, al fin y al cabo, es un poema):
Estupendo Amor AmAr el mAr
y vivir sólo de Amor
y mAr
y mirAr siempre al mAr
con Amor
mAgnífico morir
Al pie del mAr de Amor
Al pie del mAr de Amor morir
pero mirAndo siempre el mAr
con Amor
como si morir
fuerA sólo no mirAr
el mAr
o dejAr de AmAr.
No tengo, ahora mismo, mucho tiempo para escribir. Lo haré desde el avión...voy a estar un buen rato entre nubes. Y tengo muchas cosas que poner por escrito, sobre estas 48 horas peruanas.
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