mercoledì 8 giugno 2011

Del surf peruano en otoño

Desde la habitación en el piso 14 del Hotel Casa Andina, en Miraflores, Lima, se ve muchísima ciudad. Son casi las siete de la tarde y ya es de noche: todas las ciudades tienen cierto encanto por la noche, con todas las luces encendidas y en movimiento, como si fuera un belén navideño. La ciudad suma casi 10 millones de habitantes. Está pegada al Oceano Pacífico. Luis Grillo me ha llevado al hotel. Un conductor contratado en el aeropuerto, de abuelo italiano, que me ha estado contando su vida, su paso por Alemania, de cuando estudiaba piano en el Conservatorio de Saarbruchen; de su madre que se murió hace poco, con 98 años; de las recientes elecciones (él votó por Keiko Fujimori, amigos); de esta inmensa ciudad que está a dos semanas del invierno.
Me gustó aterrizar, bajar del avión y oler el mar. La ciudad entera huele a mar...hasta la habitación del hotel. La carretera que costea la playa está en obras: están haciendo playas, robando metros al océano, y poniendo palmeras y césped. Obras que duraran años, comenta Luis. Era el atardecer, cielo cubierto de nubes, y había gente en el mar con sus tablas de surf. Perú es campeón mundial de surf en equipo...impresionante.
En la zona de Miraflores hay edificios altos, pero lo que he podido ver desde el taxi era bastante desolador, sobretodo la zona cercana al aeropuerto...algo parecido a una zona pesquera. Casas bajas y en pésimas condiciones. En la carretera hay coches y pequeños autobuses que se caen a pedazos. Mucha gente en la calle y mucha más esperando a un transporte publico que tarda una vida en aparecer. La ciudad es caótica, pero no parece peligrosa. El mismo Luis me dice que "esto no es Caracas"...je, je. 
Hace cinco días estaba paseando por Miami: verano, orden, limpieza, riqueza, lo mejor de Atlántico con pinta a Caribe. Ahora en Lima, después de volar por encima de los Andes (vaya espectáculo, por cierto), espectador de un escenario totalmente diferente. Mi cabeza empieza a parecerse a un shaker, donde se mezclan tantas experiencias, en tan poco tiempo, que es imposible asimilar. ¿Sabrá rico el cocktail?

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