Algo que comienza mal, es muy probable que acabe peor. Llegué a esta ciudad con una reserva de Hotel en la mano que no sirvió para nada: tuve que buscar otro sitio para dormir. Fallo informático (y de alguien en Madrid que sigue utilizando el fax para confirmar...pero que no se asegura de que el mismo fax llegue a su destino).
Ultimo día. El avión hacia Miami sale a las 8 de la mañana. Bueno, tenía que salir a las 8. Estoy en el aeropuerto a las 6 menos cuarto. Ahora son las 6 menos cuarto...otra vez, pero de la tarde. Llevo exactamente 12 horas. 12 larguísimas, interminables horas. Y tampoco sabemos a ciencia cierta si y cuando vamos a despegar. Pienso en todos los que han envidiado mis nuevas responsabilidades internacionales. Pienso y me acuerdo de todos y cada uno de ellos y me cambiaría con cualquiera. Voy a pasar un sábado entero, MI sábado, en el aeropuerto de Bogotá. "Qué bonito...vas a viajar mucho". Eso es lo que tiene, también.
Parece ser que al avión le falla el radar y están mandando material y equipo técnico desde Estados Unidos... Visto el tiempo de espera, me pregunto si están viniendo en Bus, para no gastar...
A mediodía las señoritas del Admiral's Club de American Airlines nos dicen que nos van a dar un vale para uno de los restaurantes del aeropuerto. Pues nos ponemos en fila como niños de colegio y nos acompañan fuera de la zona de embarques. Unos pocos decidimos ir al Kokoriko, a comer pollo frito. No hay cubiertos sino una bolsita con guantes de plástico (como los que usamos cuando echamos gasolina), para poder comer con las manos. Terminada la comida, volvemos a vernos con la responsable de la línea aérea para volver a cruzar los controles. Problema: los de Migración no nos dejan: ya tenemos en nuestros pasaportes los sellos de salida del País. Deberíamos, según ellos, ya estar fuera de Colombia y no se explican qué hacemos "dentro". Si queremos volver a entrar habrá que esperar a todos los pasajeros del avión. Más de doscientas personas que nadie sabe a donde han ido, si han salido, si van a volver, para coger ese avión que no se sabe si y cuando va a despegar de Bogotá. Durante dos horas estamos "perdidos". Cada oficial de migración da una interpretación y un motivo diferente para no dejarnos entrar. Hasta hay quien dice que ya hemos salido del país (tenemos todos el sello de salida), y que no entiende que hacemos allí. La señorita de American Airlines está más perdida que todos nosotros. No se lo explica: había llegado a un acuerdo con el jefe de migración...pero que ya se ha ido, parece ser, y ahora no sabe qué hacer (mientras tanto, bastante cabreado, le pido que no se mueva de allí, que haga sus gestiones por teléfono y que si estamos de pié viendo pasar a todos los pasajeros del mundo que desfilan delante de nosotros para abandonar al país, ella también se queda allí, clavada a nuestro lado...como si quiere llamar al Presidente de America Airlines...que nos acompañe también, a mi no me importa). Pasado ya un tiempo, desesperados por la falta de atencion, unos pocos, en representacion institucional, vamos a hablar con el responsable, otro, y, después de haber utilizado todos los motivos posibles, iluminados por el sentido común (que en estos países suele fallar bastante), le convencemos a dejarnos pasar. Mientras tanto nos chequean los equipajes un total de tres veces (las tres veces que hemos ido y vuelto, pasando por el detector de metales), nos mandan de un despacho a otro y algunos ni nos miran a la cara mientras les hablamos...sobretodo una empleada de unos 140 kilos que lo único que sabia decir era "que no".
Ese medio pollo del Kokoriko, comido con las manos envueltas en guantes de plástico, nos ha costado caro, muy caro...dos horas de limbo diplomático, burocrático y administrativo que cada uno de nosotros se hubiese ahorrado con grandísimo placer.
Nessun commento:
Posta un commento