giovedì 7 luglio 2011

Conocí a Maradona.

Estoy en Buller: cervecería del barrio Recoleta, el barrio "bien" de Buenos Aires. Mis amigos argentinos me escriben desde Madrid y me aconsejan, me guían, me cuidan, me miman. Uso el plural, pero va por ti, ES, hermano "pelotudo". Amigo sincero. Lo siento, pero es invierno y he preferido una cerveza de la casa a un helado en "Freddo", otro sitio histórico de Baires. Antes de decidir que cerveza pedir, la chica de la barra me lleva una tira de seis vasitos de cerveza, en cada uno va un tipo diferente. Pruebo y elijo. Sistema ingenioso, inteligente y gracioso.
Cuando llegué a España, hace diez años, los argentinos que conocí fueron los primeros en abrirme la puerta de su casa. Fueron los primeros en tender esos puentes que unen a las personas sin un fin decidido con antelacion, sin cálculo. Hay un enlace entre italianos y argentinos. Algo mágico e innato, algo que tiene raíces históricas en la migración del siglo XX (el carácter del sur de Italia lo veo reflejado aquí). Lo ves por los apellidos. Lo ves por las calles y en los nombres de las tiendas. Señores, aquí el monumento al que descubrió Ámerica lleva la estatua de Cristoforo Colombo...nada de Cristobal Colón. 
La ciudad huele a Europa. Es inmensa. Metida en un invierno que muy poco se parece a los nuestros. Es cálido. ¿Puede ser un invierno cálido? Aquí sí. Como las personas. Todas de una simpatía especial. Muchos tienen una chispa, un rasgo que me recuerda a mi Napoles natal. A empezar por la anciana sentada a mi lado durante el eterno viaje de 12 horas de avión. Mi abuela Nina, igual. (Por cierto, cansado de ver tanto desprecio, malaeducacion y falta de paciencia, tuve que pedir a la joven azafata de Iberia que reservara mejor trato a la anciana...¿Resultado? Nos trató fatal a los dos...gracias, señorita, usted lo ha querido...a pedir un vasito de agua cada 45 minutos...).
Nada más llegar, me veo con José, taxista de confianza de mi hermano que ya ha conocido a toda mi familia. Falto yo, señor. Pues, a enseñarme la capital (sólo un ratito hoy, que ya arranco con las reuniones). Me enseña Boca (por fin veo en persona la entrada del Caminito). Me presenta a su amigo, sosia de Diego Armando Maradona. Cuento mi historia, de cuando conocí al auténtico, en el Inter-Napoli del noviembre de 1985 (tenía 11 años, pero el recuerdo es indeleble): me gano su respeto. Maradona aquí es como un héroe. Diego es el dios del pueblo. De este pueblo. Es el ejemplo. Es la historia. Es el mito. Hablan de él en la radio, en la tele. Está pintado en las paredes de los edificios. Es un espíritu legendario. Aquí como en Nápoles, otra vez. 
Comemos en el Restaurante La Brigada: carne de primera. El dueño es ex-jugador de fútbol. El taxista y yo nos contamos la vida, rodeados por camisetas de ilustres jugadores enmarcadas y colgadas a la pared y bufandas de equipos históricos. En la mesa de al lado está Jorge Valdano, ex director general del Madrid. José le vacila y le pregunta si ha venido aquí a buscar talentos o equipos para dirigir...él niega, sonríe y se deja vacilar: estamos lejos de España y de los cotilleos. El mundo del fútbol me rodea: soy como pez fuera del agua pero da igual, yo ya bien hablo de fútbol: todo vale aquí. Conocí a Maradona, chicos, ¡respeto!

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