martedì 31 maggio 2011

Con el corazón entre Jalapa y Tonalá...

Últimos días en la ciudad y un fin de semana pasado en México DF. Echo de menos mi cámara de fotos: aquí dispararía sin parar. Espero no perder nunca todo lo que tengo grabado en la memoria. Todas esas escenas e imágenes que en estos días me han asaltado. Una chica tocando la espléndida "Take five" de Dave Brubeck con su saxofón a la salida del restaurante argentino donde comí. El señor de 70 años de paseo con su viejo coche americano años '50, color crema y techo blanco, de aquellos que miden 8 metros de largo... La villa color rojo Pompeya, en venta en la calle Sosa, justo en frente al Instituto Italiano de Cultura en Coyoacan. El señor que se comía una mazorca de medio metro en la calle, bajo la mirada atenta de su hija y su mujer. La camioneta (en marcha y andando), que vendía mangos y que paramos para comprar una bolsa con 6 ó 7 frutos por 10 pesos. Los 35 kilometros de calles cortadas para que la gente pueda sacar sus bicicletas y recorrer esta ciudad infinita. La casa azul del museo Frida Kahlo. Los Dodge Avanger blu y plata de la policía local (y los chalecos anti balas de sus ocupantes). La gente haciéndose fotos delante de la escultura de dos inmensas alas doradas en la Avenida de la Reforma (quizás si de verdad se sienten ángeles, aunque sea por un instante). La sonrisa de la gente. Su gentileza extrema. Las pirámides de Teotihuacán (los escalones de la del Sol). El silencio de la Calzada de los Muertos a las 9 de la mañana. La cerveza Victoria (bien fría, por favor). La tierna risa del "piccolo Maya" (cus-cus). El pueblo de Valle de Bravo (señores, por favor, visitad el norte de Italia). La temporada de insectos (ricos, ricos). Los viejos taxis Volkswagen escarabajo. La Colonia Roma. La Colonia Condesa. Los patios interiores. Los guantes "racing" que usa Luciano, conductor de confianza, para "manejar el carro". Los que limpian los zapatos en la calle. Los que limpian los coches en la calle. Los que, simplemente, se buscan la vida para sobrevivir (en la calle, claro). Los restaurantes de diseño, dignos de la mejor capital europea (Paxia y Pujol). Los tacos de escamoles (huevas de hormiga). La carne de cocodrilo que no conseguí comer, puesto que esta semana no había llegado (nos cuenta el metre que la carne llega sólo una vez que el cazador ha vendido la piel). La lluvia de México DF y el perfume que suele despertar de una ciudad que, muy a menudo, huele a alcantarilla. La elegancia de la Colonia Polanco. Las calles desiertas de la noche. El tráfico del día. Los manifestantes semidesnudos bailando en el medio de la carretera de entrada a la ciudad, con la foto del alcalde tapando las partes íntimas. La sede de uno de los editores al que visité, que parecía un hotelito cinco estrellas, estilo "hasienda"...
Me voy. Vuelo a Miami. Volveré.

PD Gracias Isa, gracias Giampiero, gracias Luca. Por el cariño. Por hacerme sentir parte de la familia. Por los Nespresso robados...por todo. Os quiero.

Pirámide de la Luna

Pirámide del Sol

venerdì 27 maggio 2011

Friday night in México City

Casi las ocho de la tarde. Es viernes. Se me abre un fin de semana por delante. El primer fin de semana fuera de casa. Lejos de todo y todos. Lejos de mi mundo, del viejo mundo.
Han sido días intensos. Hoy las ultimas reuniones (el lunes habrá más), pero el fin de semana será intenso, también con trabajo. Ceno mañana sábado con los corresponsales y el mundo de medios de la capital: se va la responsable de EFE y todo el media-world local se despide de ella. Allí estaré, acompañado por nuestra maravillosa Isabel. El domingo comida con "el conseguidor", gran persona, muy metido en todo lo que se mueve en el mundo mexicano, desde el transporte marítimo del petróleo a las compañías telefónicas, pasando por los medios de comunicación.

De paso, aprovecharé para hacer turismo (merecido, ¿no?). Pirámides de Teotihuacán y Valle de Bravo. Acabo de ponerme de acuerdo con Big Luciano, conductor de confianza y con un buen Jeep Cherokee... Hemos quedado mañana a las 8.00 de la mañana. Primero las pirámides en soledad, que quedan a media hora del DF, luego de vuelta a la ciudad para recoger a la bella familia italo-española-mexicana y rumbo a Valle de Bravo a visitar el "pueblo mágico". 4.000 pesos para no tener momentos libres y ponerme a pensar en lo que haría y con quién estaría pasando las horas si estuviera en Madrid. ¿Este es el precio de mi vida? ¿4.000 "míseros" pesos? No creo, pero es lo que hay.

La ciudad me gusta. Es inmensa. De verdad. Hay ciudad por todas partes. No ves otra cosa que ciudad, vayas donde vayas. No sales de la ciudad. Puedes cruzarla durante hora y media de coche y sigues estando dentro...increíble. Ser taxista aquí es cosa de magos, adivinos. Esta tarde me tocó un joven en su primer día de servicio. Aquí el navegador es un tío que está al otro lado del micro instalado en el coche que te indica por radio por dónde tienes que dar la vuelta, qué calles coger, qué cruces, etc. Gracioso.
Me gusta ver los barrios o Colonias financieras y en 15 minutos pasar por calles con casas antiguas. Entran ganas de pasear por la ciudad hasta perderte. Cosa fácil pero muy poco aconsejable, por lo que me cuentan, por el tema de seguridad. Siempre hacen referencia a la seguridad. Todo Latinoamérica es así. Una gran pena. Un desperdicio. Sitios estupendos, ciudades maravillosas, tesoros de la naturaleza, que no se pueden vivir con esa paz y tranquilidad interior de que no va a pasarte nada si te pierdes o te descuidas. Vivir en alerta no es vivir. Hoy pasé por Lomas Altas. La mejor zona residencial de la capital. Villas estupendas, de diseño. Y cada una con vigilancia privada en la calle, cámaras apuntando a cada esquina y entrada, muros altos con alambre, como si fueran cárceles de máxima seguridad. ¿Merece la pena ser rico y darlo a ver?

He estado en sitios muy "high level society", dignos de la mejor capital europea. Es interesante la mezcla idiomática que tienen, con mucho uso de palabras americanas, expresiones de gringos. Odian profundamente a los estadounidenses pero les imitan en todo. Los que pueden hacerlo, claro. Son su modelo de estilo de vida. Y cuanto más tiempo paso lejos de casa, más orgulloso estoy de ser de "allí". Sí, soy de Italia, del país con más patrimonio histórico y cultural del mundo. Ese país lejano con forma de bota que parió a Cristoforo Colombo...¿Os acordáis de él?


Típico autobús "puertas y ventanas abiertas" que por 2 pesos
(unos 0,12€) te lleva a dónde sea...

Avenida de la Reforma y al fondo la plaza del Ángel

Las sugerencias del Restaurante Los Sobrinos

mercoledì 25 maggio 2011

Desde el aterrizaje fallido al colibrí de México DF

Las 21.40. Estoy en la azotea del Hotel Condesa DF, Colonia Condesa de México DF, zona cool. Tomo in mojito que es puro arte alcohólico del maestro barman del lugar. Hay música chill out. Muy buen ambiente, aunque la poca luz del sitio no permite poder observar mucho. La temperatura es ideal. Hace calor, hoy hemos superado los 30 grados en esta gran ciudad a 2.000 metros sobre el mar. Pero ahora tira una brisa fresca muy agradable. En mangas de camisa pienso en mi primer día en este cumulo de edificios y gentes que componen la ciudad más grande del mundo. Me di cuenta anoche cuando con el avión pasamos por encima de la ciudad dos veces. Sí, dos veces: estábamos a punto de aterrizar y a treinta metros del suelo el piloto tuvo que coger cuota a toda prisa otra vez. Un avión estaba cruzando la pista y tuvimos que abortar el aterrizaje. Desagradable. Es la tercera vez que me pasa. Pero me permitió ver desde la ventanilla un sin fin de luces, un sin fin de ciudad. Hasta el límite del horizonte. Por 360 grados. Esto, señores, es muy grande. 
La ciudad es peligrosa, como no, pero después de Caracas cualquier ciudad parece mejor. Lo ves por la gente, por como va vestida. Lo ves por lo coches. Hay de todo: desde el coche desastrado que es un milagro que siga arrancando, hasta el "carro ranchero" estilo "gringo" con motor de 8.000 cc., pasando por el BMW Z4 blanco, a la última moda.
Veo la ciudad desde la ventanilla de un taxi, yendo de una reunión a otra. Paso por la Avenida Reforma (bonitas esculturas de ángeles en el medio, entre los dos carriles). La más grande de la ciudad. Pasamos por barrios más bohemios y populares y llegamos a barrios financieros, hasta la Colonia Polanco, la "milla de oro" que reluce los escaparates de Gucci, Ferragamo, Cartier, entre otros.

Como siempre mis ojos se hacen cofres de tesoros de imágenes. Vi a un colibrí al lado de una ventana de una casita en la Colonia Roma...nunca vi a un colibrí, bueno, sólo en los documentales de la 2. Y casitas de colores. Los azules, amarillos, naranjas. Colores fuertes, alegres. Vi al hombre de la basura...me cuenta Isabel (nuestra persona en México DF y un ser humano estupendo), que aquí te multan o hasta te llevan a comisaría si dejas la basura en la calle (casi es menos probable tener problemas con la ley si pegas un tiro a tu vecino). El hombre de la basura pasa con un coche por las calles, pita, y tienes que bajar a toda leche para entregarles las bolsas. Sistema curioso.

La gente, en general, es extremadamente cordial. Me reciben, en la primera de mis visitas, por orden de la dirección general. La idea que traigo les interesa a tal punto que quieren verme otra vez antes de que me vaya. Aunque sea en el aeropuerto, el próximo martes, mientras espero al American Airlines que me llevará a Miami, dicen. Luego comida con otra persona. Con un caballero que está en mil negocios y puede abrir muchas puertas. Reflexionamos sobre el negocio. Es estimulante. Propone otra manera de hacer business. Otra vía. Me gusta. Me gusta ver las cosas desde otras perspectivas. Lo bueno de viajar y conocer a mucha gente es que cada uno aporta una pieza al puzzle que se va componiendo y toma formas cada día más interesantes. Espero, algún día, poder recoger los frutos de tanto hablar, conocer, pensar, vender.

Voy por el segundo mojito. Estoy cansado. No sé si es por tanto cambio de hora, porque duermo poco, porque me despiertan a las 4 de la madrugada con llamadas desde España y preguntas superfluas. No voy a cenar: la comida de hoy llenó bastante. Tomaré un omeprazol para hacer frente al picante que aquí, si pudieran, echarían hasta en el agua. 

Mañana es otro día. Otras reuniones, otras planificaciones. Dejo descansar a la ciudad en la que premian con dinero, en estos días, a la gente que entrega a las autoridades sus armas ilegales. Cuántas diferencias con el Viejo Mundo...

martedì 24 maggio 2011

Parada en Cancún

Tengo una hora y cuarto para bajar de un avión y meterme en otro. Ya no sé ni que hora es para mi cuerpo y para mi cabeza...
Paso los controles de migración. Soy el primero. El oficial de policía es amable. Me pregunta durante cuánto tiempo voy a quedarme en México de vacaciones. "Ya me gustaría, señor...pero estoy aquí por trabajo y ahora mismo cojo otro avión para la capital". "Qué pena", dice, "hay mucho por ver en esta zona"... No pierdo tiempo en explicarle que ya lo conozco.
Salgo. Cojo un taxi que me lleve a la otra terminal. Pactamos 10 dólares americanos. A la hora de saldar mi deuda, estaba claro: el tipo no tiene cambio, ni en pesos. Así que le suelto un billete de 20. No me enfado: le digo que invite a su mujer a un par de cervezas...¡Salud!

Hago el check in: de las cinco ventanillas que hay, me toca la del jovencito. En 10 minutos ha hecho facturar a medio avión, mientras que sus compañeros aún estaban con los primeros viajeros. 
Ha habido un fallo técnico en el sistema de facturación y el vuelo saldrá con media hora de retraso. Por una vez agradezco tener algo de tiempo: salgo fuera a fumar un par de cigarrillos. 30 grados. Las siete de la tarde. El sol se ha ido, pero queda algo de luz. Hay nubes, unas pocas. Los pájaros del lugar parece que se despiden del día haciendo una gran fiesta...y un gran ruido. Todos entre los arboles justo en frente. Me hace gracia. Es alegre. Huele a vacaciones. Este sitio huele a vacaciones, definitivamente.
Hay muchísima humedad. Pienso en lo que me gustaría darme una ducha ahora mismo...paciencia. 
Paso los controles, otra vez. Me abren las maletas, pero son gentiles...no como el soldado que lo hizo en Caracas hace unos días, antes de embarcar para Madrid. 
Veo un bar e intento esquivar rápidamente a las empleadas/cazadoras de clientes, escondidas entre los pasillos de las tiendas duty free...
Llego a la barra. Estoy en Cancún, México: "Una Coronita, por favor". Disfruto de mis 15 minutos de vacaciones. Me siento bien. Cansado, sí, pero bien. 
Embarcamos. Dos horas y pico más en otro avión...cierro los ojos. Adiós Riviera Maya...

A 40.000 pies

Faltan 2.30 minutos exactos para aterrizar en Cancún. Volamos a 727 km/h y a una temperatura externa de menos 60 grados. La verdad es que este viaje será eterno. Espero no perder la conexión y poder llegar a Ciudad de México sin problemas. Después de otras 2.40 horas de vuelo, claro. 
En Business Class somos 5: tres ejecutivos y una pareja (un poquito macarrilla, la verdad)...de los de viaje de novios...de los que se llaman "Cari" y sacan fotos de los asientos de primera, sacan fotos a la pantalla que cada uno tiene delante con toda la programación multimedia disponible para pasar las más de diez horas de este viaje. Sacan foto a la azafata mientras les deja la copita de cava. Bueno, se merecen toda la diversión del mundo...se lo merecen después del "bodorrio" que seguramente han tenido hace unos días. No quiero ni pensarlo: neo-suegros, amigos (de los de toda la vida, de los que se alegran, de los que gritan "vivan los novios" 50 veces durante el banquete...de los que pierden el control frente a la barra-libre), amigas (alguna envidiosa...otra que, seguramente, ha puesto a parir al traje de la novia), tíos, tías, abuelos, abuelas, el primo antipático que hay que invitar para no quedar mal. El vals (y en seguida Lady GaGa, claro). Los 5 platos del menú. El solomillo (duro), que siempre llega frío...

Bueno, mientras escribo, estamos a punto de pasar por encima de Nassau. En un ratito volaremos entre Florida y Cuba. Cuba. Pienso en los millones de dólares en petróleo que les llegan a Fidel de parte de su amigo venezolano. Ciertas amistades (y apoyos incondicionales), se compran, está claro.  

Para ponerme en sintonía, escucho a Maná, lo más representativo del repertorio mexicano que tengo disponible en mi iPod. Pienso en Akumal...hace unos cuantos años. Navidad de 2002, si no me equivoco. Muchas risas entre ruinas Maya, playas de ensueño, Xel-ha, los delfines, "una sera carne, una sera pesce"...la mejor familia para una de las vacaciones más divertidas que recuerde. Gracias Solange, Gianni, Lula. Gracias, siempre. 

Ahora cierro los ojos un ratito más antes del aterrizaje. La azafata me confirma que deberíamos llegar cinco minutos antes de lo previsto. Si así fuera debería llegar a tiempo al otro avión... Cruzo dedos. 

On the road again.

El UX063 está a punto de despegar. Volaremos alto hasta llegar a la tierra de los nachos, del tequila... México es un puente entre el norte y el sur. Pues allá vamos: entre el norte y el sur. Justo en el medio, para no fallar. Como pensaba Aristóteles.
No sé que esperarme de México DF. Después de Caracas sobretodo. Será interesante ver una ciudad tan grande. Una ciudad que es media España en población. Tanta gente que es normal que hasta yo conozca alguien allí.
En 10 horas se llega a Cancún: el tiempo de cambiar de avión y seguimos hacia México DF. Otras 2.30 horas. ¿Me darán un premio por tanto volar?

domenica 22 maggio 2011

Recuerdos de la tierra de Tamanaco

El omnipresente Simon Bolivar, pintado en el muro de protección de un cuartel militar. De todas maneras, me pregunto de quién se protegen, puesto que policía, ejército y fuerzas de "seguridad" son los primeros que participan al banquete de la corrupción en este país, según comentan todos.

Panorama impresionante: las "favelas" de la parte oeste de la ciudad llenan muchos miles de metros cuadrados de infierno y pobreza entre el centro de la ciudad y el monte Avila. Aquí no entra la policía. Ni el ejército. Aquí viven almas perdidas. Es tierra sin ley ni esperanza.

El uso del color hace lo precario menos triste. Eso parece. ¿Es esto vivir en una obra de arte cubista?

Este cartel estaba en cada esquina de una de las empresas que visité. Curioso. Frente a nuestros códigos éticos de centenares de páginas, este resulta, sin duda alguna, más gráfico y directo.

venerdì 20 maggio 2011

...y Guaicaipuro vuela a casa como un turpial...

Aeropuerto de Maiquetia. Zona franca. Estoy en la sala fumadores del rincón VIP de la Compañía Aérea. Ya he hecho cola en la autopista para llegar. Cola para el check-in. Cola para pagar la tasa de migración (sí, hay que pagar para salir de Venezuela...bendito socialismo). Cola para pasar el detector de metales. Cola para el visado de salida...
Me merezco un cigarro. O cien. El mejor Ron Venezolano, botella numerada de edición especial, ya está en el equipaje de mano. Va por ti, mi amor, que sé que te gusta.

He dejado el hotel esta mañana para acudir a la ultima reunión. El conductor que tenía que llevarme se quedó "atrancado" en el trafico monumental que paró la autopista Cota Mil por una manifestación no prevista que el Dictador local solucionó enviando al ejercito.
Fui en taxi a la visita. Buenas instalaciones. Gente encantadora. Me escuchan. Conversamos. Hablamos del futuro del negocio y le gusta la idea que traigo. Veremos.

Abajo me espera Luis Martínez, el chofer, y está muy dolido por haber fallado. Por no haber llegado a tiempo al hotel para llevarme a la reunión. Recupera rápido y me invita a comer: "no te preocupes, Luis, vamos directos al aeropuerto, por si hay más manifestaciones". Recupera su fallo de puntualidad y me da una clase de nivel sobre la historia de Caracas, fundada en 1567...año más año menos. Hablamos de Simon Bolivar, de su idea (y gran fracaso), de la Gran Colombia. Hablamos de guerrilla. Hablamos de droga. De los problemas. Del olvido.
Entramos en lo personal y me habla de sus hijas. Su mujer. Sus amantes. Dice que aquí están las mujeres más bellas del mundo a las que no se puede resistir. Mujeres en búsqueda de la perfección, a través de retoques con silicona, ajustes odontológicos. Y de la nueva moda: quitarse un par de costillas para ser má esbeltas. "Perfectas", sentencia. Y mientras habla, pasamos por la zona de las favelas de Caracas. Saco fotos desde el coche (sí: las pondré en cuanto pueda). "Perdona, Luis, me estabas hablando de perfección"... Vaya momento, pienso. Vaya panorama. Vaya choque mental.

Dejo Caracas y no sé que sentir. Extraño. Sólo pienso en pasar los mil controles y sentarme en el avión. Tengo que digerir este pesado equipaje de emociones que tengo por dentro. Las muchas imagenes que se han grabado en mis ojos. Los perros muertos al borde de las carreteras. La pobreza extrema. Las caras. Los motoristas delincuentes. La ansiedad. Los carteles "Socialismo o Muerte". Pero tambien los colores del monte Avila y de las casitas en su falda. La vegetacion que parece quiera comerse a la ciudad. El perfume de la lluvia. La gentileza de muchos. La disponibilidad. Los tequeños...
Toda la gente a la que he conocido espera verme otra vez por aquí. Pero me dicen que, para la próxima, que sea para más tiempo. ¿Volveré?

Buongiorno Caracas

 
Último día en la capital venezolana. Última reunión y al aeropuerto. Tendré tiempo allí para pensar en este breve pero intenso viaje. Tendré tiempo para pensar en todo lo que he echado de menos en estos días y que pronto volveré a ver, sentir, abrazar...

giovedì 19 maggio 2011

El futuro ya no es lo que era

Frase histórica. Lo tiene todo: pasado, presente y futuro. Como la vida misma. No sé, la escuché ayer y se me quedó.
Otro día intenso. Otro día vivido en una ciudad perdida en el olvido. Pasé por las zonas más peligrosas. Sábana Grande. El centro. Una gran pena. Entran ganas de mandar aquí al ejercito suizo a hacer limpieza y poner orden. Muy triste el no poder pasear por Gran Caracas. La ciudad podria ser una belleza. El clima, las palmeras en cada esquina, los viejos edificios de colores...a un paso de rascacielos "okupados".
El taxi me dejó a doscientos metros del sitio a donde tenía que ir. Te sientes incomodo. Te gustaría ser tortuga y tener un caparazón para esconderte y protegerte. Piensas que nada puede ocurrir en tan pocos metros y luego te preguntan si estás loco... Bueno, sigo aquí. Hago experiencia. Hago vida. Hago cuentos para contar.
Hoy viví la realidad de Venezuela, con un editor local. Comí en el comedor de la empresa. Comida sencilla, pero sabrosa y digna. Luego llegó el dueño y me llevó al privè de la dirección: lujo extremo al lado de la pobreza de un comedor para empleados. Una puerta. Un límite sutil que parece nada pero que lo es todo.

Tengo una imagen en la cabeza: estaba esperando en la calle, con un cigarro en la mano, para que los de seguridad de otro editor me dejasen entrar en el edificio. Miraba los coches atrapados en un tráfico mortal. Delante mío un autobús. Ventanas bajadas. Sin puerta, simplemente. Subió un señor, 40/45 años. Mal vestido, desastrado. Se puso frente a la gente sentada. Contó una historia graciosa: le aplaudieron. El autobús se transformó en teatro improvisado. El señor bajó. Le miré y sonreí. Los aplausos y la risa de gente que no tiene otra cosa huele a grandeza humana. Ví esa grandeza, hoy. Soy un privilegiado.

mercoledì 18 maggio 2011

Tequeños

Huyo de los gerundios...(dedicated to OC)

Primer día de trabajo en la capital venezolana. Bien. Buena gente. Día intenso. Se me seca la garganta de tanto hablar, pero, sinceramente, no me cuesta...todo lo contrario.
La ciudad es un verdadero caos. Me siento como un pez fuera del agua. De su agua tranquila. Agua estancada, últimamente. Por eso creo que todo esto es bueno. Esto no quita que soy un blanco europeo entre 8 millones de caraqueños que se buscan la vida. Una vida a 50 céntimos de euro por 50 litros de gasolina. Sí: 50 céntimos = 50 litros. Es lo que tienen, petróleo. Lo único. Han dejado a un lado el resto de la economía, del desarrollo, de todo. Bueno, les han dejado, les han obligado a vivir al margen. Un pueblo que vive al margen es un pueblo echado a perder. Al margen de una vida que podría ser "normal", tranquila. Cuando vives realidades así, tan diferentes de la tuya, te das cuenta de lo que hace un buen gobierno, un buen político, una buena organización y administración. Administración del capital, de los recursos (naturales y humanos). Venezuela es un País rico pero al borde del desastre. Una nación que podría vivir de sus fortunas. Vivir dignamente.
Bueno, hablemos de otra cosa...hablemos de...COMIDA. Hoy en Casa Churrasco. Digno de nota los Tequeños. Unos rollitos de hojaldre rellenos de queso muy parecido a mi querida mozzarella. Los tequeños son típicos de Caracas: suelen freirlos, pero resultan algo pesados. En Casa Churrasco los hacen a la brasa (único sitio en toda la capital). En cuanto tenga un ordenador de verdad pondré foto (el iPad tiene sus limitaciones, dear Mr. Steve Jobs). Luego carne, mucha carne. Unos chorricitos que eran verdadera poesía para el paladar. Y un buen chuletón. Pedí la carne casi cruda, como le gusta al mastín leonés. "Así se come", dice. Y tiene razón, una vez más. Salsitas: dos. La primera era una especie de chimichurri argentino, más picante, quizás. La otra se parecía a un guacamole ligeramente más suelto que el tradicional y seguramente más alegre. Y, por fin, las "papas" locales acompañaron a la sinfonía de proteínas. Todo fibra. Parecidas a las nuestras por el color pero más dulces y con textura parecida a las...castañas. Sí, raro. Pero más sabroso que una simple patata cocida. Simple y, a pensarlo, un poco triste. "Triste como una patata hervida"...pega.

Más reuniones por la tarde. Más tráfico para volver al hotel. El cansancio me hace olvidar por un rato la inseguridad que sientes en la piel, cruzando estas calles. Esta ciudad. Llueve. Mucho. Y más agua llega a los barrios de las "gradas" de Caracas. Una ciudad aplastada entre la jungla tropical y el monte Avila: una barrera natural entre la ciudad y el Atlántico. No debería haber barreras entre el hombre y el mar... Siempre y cuando no haya una central nuclear y riesgo sísmico en la zona, claro.

Mientras tanto el barman del hotel me sirve la cerveza de la tarde. Nada de Light hoy. Empezamos a conectar. Me trae unos pinchos variados. Buen tío, empiezo a tenerte cariño...

martedì 17 maggio 2011

Rose rosse per te

En el bar del Hotel Lido de Caracas. El "piano man" de la sala toca las notas de la vieja canción de Massimo Ranieri. Notas napolitanas en mi primera noche venezolana. Divertido. Poca gente tomando aperitivos antes de la cena. Yo he pedido una cerveza. El barman me ha traído una "Solera Light"...¿Acaso me ves gordo, chico? ¿Qué es esto de "light"? Bueno, tampoco es el caso de ponernos especialitos. Me la tomo de un trago, casi. Pido otra.
Viniendo desde el aeropuerto he podido ver bien poco de la ciudad. Hay pueblos "satellite" en los alrededores de la ciudad. Casas construidas en la selva. Ya se hacia de noche y sólo se veían luces. Luces en la oscuridad de un país con problemas. El conductor que me lleva al hotel me da una clase magistral sobre los problemas de su tierra. El petróleo. El gobierno. La criminalidad. La violencia...me dice que las cosas van a peor. Antes se leía de muertos en la calle con dos balas en la cabeza. Ahora mueren por 15, 20 disparos. "Algo está cambiando" dice. Evidentemente miden el cambio social por el numero de balas que se meten los unos a los otros.
Llegando al hotel pasamos por zonas bastante pobres. Sucias. Con mala pinta. El tráfico me recuerda Nápoles, así que el impacto en mi mente es nulo. Recuerdo a papá cuando decía que si aprendes a conducir en Nápoles puedes conducir en todo el mundo. Era cierto. la zona del Hotel no está mal. Se nota por los restaurantes y los bares que he podido ver desde la ventanilla oscura del coche. Y los hoteles, claro. Gente por la calle no hay. Esa no. Y es una pena porque la temperatura es ideal. Quizás demasiado húmedo. Pero me gusta, el calor.
Ahora a cenar en la planta 15. Algo "light", por si acaso...

Listo para el despegue

Sala Cibeles de la T1. Un Campari Orange se enfría con dos cubitos de hielo en un vaso barato de Ikea. La sala es grande y la gente que pasa por aquí va y viene de todo el mundo. Estoy en pleno cruce social, humano, religioso. Interesante estudio sociológico podría llevarse a cabo en un sitio como este. Hay pocas parejas y las pocas que hay no se hablan. Mucha gente viajando sola. Está claro que el mejor compañero de viaje es el móvil: no te pide que le traigas un refresco y no hay que esperarle porque NO va a al cuarto de baño. Y si va, va contigo. Tampoco tienes que llevarle maletas, maletines, necessaires, etc.
Vuelvo a echar un vistazo a las almas perdidas en este aeropuerto. Me encantan los que se duermen, hay unos pocos aquí. Cabezas hacia atrás. Bocas abiertas (será el estupor por quedarse dormidos). Posturas impensables...para lo que da de si una silla.
Dentro de poco embarcamos. Y en unas diez horas...¡al otro lado!

Maletas en la mano.

Casi listo. Maleta, maletín, tarjetas de visita, ordenador, iPad, iPhone, iPod...parezco un representante de Apple. Me esperan 10 horas de vuelo: destino Caracas. Previsiones del tiempo: pésimo toda la semana, relámpagos, tormentas, etc. Es que cuando uno tiene suerte...
Me han contado tantas cosas de la ciudad que no sé qué esperarme: ¿guerrillas urbanas? ¿secuestros y robos en pleno día y a la vista de todos? Mi abuela de 84 años, que estuvo allí, me dice que la ciudad es un pelín peligrosa y que tenga cuidado... ¿Soy más blando que mi abuela????? Dios...¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué raza!