martedì 30 agosto 2011

Bogotá mon amour

Dejé a medias la ultima carta de este diario...era julio. Después de dos semanas entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Volvía al verano europeo, después del invierno argentino (cálido) y chileno (mucho más rígido). De todo Latinoamérica eran las ciudades que más llamaban mi atención. Quizás por eso las dejé para el final: siempre te dejas lo mejor para el final.
Si tuviera que describir cómo me he sentido en Argentina y Chile, creo que la palabra que mejor define mi estado de animo es "cómodo". Te sientes cómodo paseando por las calles de Buenos Aires. Por la elegante Recoleta, por el bohemio Palermo Soho, por el popular y colorido Boca. La ciudad es europea. Totalmente. Por eso te sientes cómodo. En Santiago pasa lo mismo, aunque sea una ciudad totalmente diferente: es como estar en Boston o Chicago (limpio, seguro, moderno...), pero te hablan en español...bueno, un español con acento "siciliano". Raro y gracioso. Santiago transmite buenas sensaciones: hasta llega un momento en que piensas que te gustaría pasar allí un par de años de tu vida.
Recuerdo la ultima cena en Santiago: solo (para variar), en el Restaurante Bristol (el del hotel). El chef Axel Manrique me prepara un poema. Sí, un poema en el verdadero sentido de la palabra. Se trata del "Caldillo de Congrio": Pablo Neruda le dedicó una oda en la que describe minuciosamente la receta en versos. El chef (galardonado en muchas ocasiones), sigue la poesía a la letra y propone un plato que es un verdadero poema. Así se cerró mi estancia en Chile.

Pasó julio, con sus terremotos en la empresa, y agosto, perdido en la isla perfecta para alejarse y esconderse: Creta.

Llegué ayer a Bogotá. En menos de tres días me fui de Grecia, pasé por Milán, hice la maleta en Madrid y cogí un vuelo para Colombia. Se reanuda el trabajo..."este" trabajo: coger aviones durante horas interminables y llegar a sitios que me alejan de muchas cosas: buenas y malas.
Bogotá me gusta: sus 2.600 metros de altitud (aquí el cielo tiene "otro" azul...más intenso, más límpido), sus montañas verdes, sus calles, su gente, tan diferente, tan heterogénea. Me gusta volver a ciudades que conozco: tienes la extraña sensación de volver a "casa". Puede que sea por la ausencia de ese "respeto" a lo desconocido que te entra en el alma cuando llegas a una nueva ciudad. 

Me reúno en estos días con gente que ya conozco, con los que he tenido al otro lado de un Mail durante todo el verano. Lo que más me gusta de este trabajo es el aspecto humano de los negocios: conocer a personas capaces de aportar ideas y puntos de vista diferentes. Perspectiva. Siempre volvemos a lo mismo: si todos tuviéramos más perspectiva, probablemente, viviríamos mejor...